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#278 El arte de mirar

Episode Summary

En once paseos por una misma calle podemos descubrir once mundos distintos

Episode Notes

📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/278-el-arte-de-mirar/

Una mujer sale de su portal y da la vuelta a la manzana. Son apenas 100 metros. Los mismos cien metros que lleva pisando años: la panadería, el bordillo levantado, los cubos de basura, el semáforo que tarda demasiado.

Cuando termina, entra otra vez en su portal. Y al rato vuelve a salir. Y da la vuelta otra vez. Y otra. Y otra. Once veces. Cada una de ellas, eso sí, con una compañía diferente.

La primera la hace con su hijo pequeño, que tiene poco más de un año y que se para en cada alcantarilla, en cada mancha del suelo, en cada cosa minúscula que a cualquier adulto le pasaría desapercibida. Tardan una eternidad en terminar la vuelta.

Luego repite con un geólogo, para el que aquello no es una calle: es un paisaje que se está transformando, solo que a una velocidad que nosotros no podemos percibir.

Después, con un experto en tipografías, que le explica con absoluta fascinación todo lo que hay detrás de los rótulos de las tiendas. Más tarde, repite el paseo con un biólogo, que le enseña a ver la infinidad de isnectos y organismos minúsculos que hay en cada rincón de su calle.

Pasea, también, con un médico, que diagnostica a la gente con la que se cruzan. Otro de sus paseos lo hace con una mujer que ha viajado por todo el mundo y le cuenta historias de los lugares en los que ha estado. Y con ella, que es ciega, se da cuenta de los olores, los sonidos y las sensaciones que habitualmente ignora.

En total da once paseos distintos. El último con su perro. Son los mismos cien metros una y otra vez. Y, sin embargo, son once mundos distintos. Y ninguno es el que ella veía habitualmente cuando paseaba a solas.

Esa mujer se llama Alexandra Horowitz. Es una científica cognitiva que ha escrito varios libros. Uno de ellos se lo dedicó a esos paseos. Se titula On looking —algo así como «Acerca de la mirada»—, y en él habla de una de mis grandes obsesiones: nuestra experiencia de la realidad.

Y su conclusión es un poco incómoda. Porque viene a decir que tú y yo caminamos siempre por un decorado. Que del mundo que tenemos delante percibimos una porción absolutamente ridícula. Y que esa porción, encima, no la elegimos nosotros. Todo estupendo.